Esta cuestión de los sellos, sus ediciones, sus significados, sus coleccionistas, y todo esto enmarcado en la Filatelia siempre me llamó mucho la atención. En gran parte debe ser porque mi viejo solía mostrarme su colección de sellos y estampillas cuando era pequeño, y está claro que algún efecto tuvo, la semilla prendió.
Hoy entré por primera vez por motus propio a una casa de filatelia aquí en la ciudad de La Plata. Lo hice motivado por un sello nacional, emitido en mayo de este año, que me cautivo la atención desde la vidriera. Es una edición que contiene la imagen del Doctor Raúl Alfonsín, junto con su firma y el preámbulo de la Constitución, conmemorando así su vida y su acción.
Volviendo del plano nostálgico romántico hobbista, me contrastaba bastante esta experiencia vivida hoy con una nota de Nora Bär en La Nación sobre el mundo “supercomunicado”. Allí se plantean visiones duales sobre una sociedad donde la privacidad comienza a tener líneas cada vez más difusas, la experiencia nunca deja de tener una exposición pública, y el mensaje multimedial se refleja en distintos puntos de la red.
La realidad no suele ceñirse a los puntos extremos de estos planteos, ni la visión de Orwell y su 1984 donde un gran ojo lo ve todo, ni la Supercomunicación. La marcha constante del progreso de nuestra humanidad permite todavía que en el mismo espacio convivan Twitter y las estampillas.
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