Levanto un post de David de Ugarte sobre un tema muy controversial en todo esto de lo 2.0: la privacidad y las redes.
No escribas en la red lo que no escribirías en una postal. No sé cuantas veces habré dicho eso en los 90. Por eso, cuando ahora los medios alertan sobre privacidad y suplantación de personalidad en Facebook, no puedo dar crédito.
Es obvio que si tu red de amigos publica regularmente citas y fotos, y tu haces parte de ellas, por muy privado que sea tu propio perfil, cualquiera podrá trazar tu vida social. Relata un entrevistado en El País:
Reconozco que espío a mis ex, incluso a los que me tienen bloqueado como amigo. Busco y cotilleo la información que han compartido con amigos comunes. Por ahí siempre hay filtraciones. Yo he llegado a deducir si mis ex tienen nuevo novio, si se han cambiado de piso e incluso su dirección exacta. También me es muy útil para conocer sus planes, y saber si coincidir con él o dónde debo evitar hacer acto de presencia
¿Pérdida de la privacidad? Pérdida voluntaria e inevitable en todo caso. Si juegas al panóptico, a relatar tu vida en un espacio público y compartido con otros que también lo hacen, de poco servirán los biombos. Pretender lo contrario es inconsciencia o hipocresía. A fin de cuentas el único servicio diferenciado que ofrecen las mal llamadas redes sociales es el cotilleo sobre el propio entorno. Quejarse de ello sólo servirá para atraer a los eternos postulantes a crear nueva y más restrictiva legislación.
Hoy día todos aquellos que medianamente webeamos tenemos nuestro perfil en 










