El interrogante que titula y utilizo como disparador para este post, creo que todos nos lo hemos planteado alguna vez.
Ya hace un tiempo cuando rompíamos los juguetes o nos portábamos mal, hasta cuando sabemos que un amigo está tomando una decisión que sabes que es mala. Nos enmarañamos la cabeza intentando descifrar el código a través del cual podamos enviar el mensaje correcto a nuestro receptor.
Por supuesto que a medida que avanzamos en las etapas de nuestras vidas, son diferentes los mensajes que queremos transmitir. Y diferentes las maneras de transmitir lo mismo en diferentes épocas.
Estamos en un mundo que día a día se va introduciendo cada vez más en una vorágine de información. Nadie va a ser capaz de tomar toda la información a la que tiene acceso. Muchos ya no lo son.
Ante este escenario de incertidumbre, de contexto, de mensaje, de necesidades, no podemos dejar de tener en cuenta algunas cosas.
Primero y fundamental (y no tan obvio), debemos tener en claro cuál es el mensaje que queremos emitir. Puede ser tanto el posicionamiento de una marca, una campaña solidaria como una opinión política.
Luego debemos tener en claro quién es el destinatario de nuestro mensaje. Hacer foco en el público al cual pretendemos llegar, la segmentación es fundamental para lograr una mayor aceptación, aún siendo un poco más lenta y trabajosa.
Por último, pero no menos importante es el medio a través del cual vamos a transmitir nuestro tan importante mensaje. La correcta elección del medio es tan crucial como el mensaje. Una declaración de amor a través de un mensaje de texto o por teléfono seguramente no tendrá la misma efectividad que si la hacemos en persona.

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